H  a  n  n  a  h      A  r  e  n  d  t  .   c  l
INICIO| ¿Quién es Arendt? | La filosofía Arendtiana

 

Conceptos fundamentales:


Totalitarismo

Podría decirse que es la experiencia del horror nazi, la experiencia radical que Arendt ha querido pensar a lo largo de toda su filosofía, sobre todo, poner en cuestión las condiciones políticas, sociales e incluso morales que han hecho esa experiencia posible. Arendt considera que el nazismo ha dado forma a un tipo de violencia completamente un nuevo que se caracteriza no sólo por ser producción sistemática del terror sino por una nueva forma de administración del terror. A este régimen de administración, que es también un movimiento social, lo llama totalitarismo, enfatizando que su criminalidad no es equiparable a nada conocido pues no se trata con él de los crímenes de las dictaduras o los genocidios ya habidos, ni se trata de una perversión de las relaciones políticas equiparable a estos casos de violencia. Con el totalitarismo consiste en un sistema de una violencia ejercida a partir del completo despojo de toda libertad individual y de todo espacio de interacción humana, haciendo imposible la acción y el espacio común (Ver The origins of tha totalitarism, Denktagebuch, 1950 bis 1973, Essays in Understanding, 1930-1954).

 

Banalidad del mal o mal banal

Cuando Arendt se pregunta qué tipo de mal está detrás de este horror, que tipo de maldad es la maldad de quienes participaron en él o de quienes lo permitieron, concluye que detrás de de ese mal ejercido no hay ni perversión, ni patología ni tampoco razones ideológicas o convicciones morales, lo que hay en las mentes de aquellos hombres es más bien una ausencia de cualquier posibilidad de referencia a criterios de juicio, se trata de una “incapacidad de pensar” de una insensatez radical que afecta finalmente nuestra capacidad de juicio. El criminal del totalitarismo no es un monstruo ni un alienado, tampoco un loco, es simplemente alguien a tal punto superfluo que se vuelto incapaz de dar respuesta a una situación moral conflictiva desde su propio juicio. Es por eso que Arendt llama a este fenómeno banalidad del mal, o mejor del mal banal pues tras él no hay más que superficialidad. Este mismo concepto se opone al concepto moderno de ‘mal radical’ que hace residir el mal en una incapacidad ínsita a la naturaleza humana de conciliar el deseo de su inclinación sensible con el mandato de su máxima racional, tal impotencia sería natural al hombre y sólo se subsanaría con el progreso de su razón (Kant). En el caso de Arendt, es imposible pretender que el mal sea algo natural  al hombre, consubstancial a su ser dual, caído o contradictorio, se trata más bien de que el mal atraviesa el divorcio entre una libertad no soberana y una irrecusable responsabilidad. El mal se cuela por entre las debilidades de la libertad y las impotencias del juicio. (Ver Essays in Understanding, 1930-1954, Eichmann in Jerusalem, Responsability and Judgment)

arendt

Natalidad

Una de las notas centrales de la condición humana para Arendt es la natalidad, el hecho que los hombres no son sólo seres mortales y conscientes de su mortalidad, sino que son también seres nacientes. Huella de la facticidad humana, es la natalidad y no la moralidad la que orienta la existencia humana y la pone en perspectiva de sus propias posibilidades. Se trata de un concepto que opera en varios niveles y no posee un único significado. El nacimiento no es un comienzo meramente biológico (ni tampoco un concepto metafísico) sino un inicio que señala el fenómeno de la propia existencia, también la capacidad humana de comenzar procesos nuevos, de abrir cursos de acción inesperados, y de incorporarse también por el nacimiento a un mundo humano que le pre-existe y la configura, a la red de las relaciones interhumanas. También la capacidad de interpretar o de generar nuevas comprensiones de la acción y su historia (Ver The Human Condition, Between Past and Future, Eight excercises in political thougth, Love and Saint Agustine)
Acción
Profundamente enraizada en la natalidad como su condición ontológica, la acción es la actividad central de la experiencia humana. El ser humano al actuar comienza un nuevo curso, abre un camino inesperado, e incierto entre otros. En este sentido, la acción es portadora de novedad y fecundidad, asimismo es también irreversible e inanticipable en el mundo de los humano, que es el mundo común. Así la acción es siempre libre, pues como dice Arendt, siempre podemos ser consciente de que aquello que hicimos bien pudo haber quedado sin hacer” Es decir, que no hay ninguna forzosidad detrás de lo que la acción comienza, tras la acción sólo está la capacidad misma del hombre de comenzar.. (Ver The Human Condition, Between Past and Future, Eight excercises in political thougth, On revolution)

 

Vita activa

A juicio de Arendt, la vida activa del hombre, su quehacer se realiza a partir de tres actividades generales: la acción, la labor y el trabajo. La acción (praxis) ya hemos dichos es la capacidad sui generis del hombre de comenzar a partir de sí algo nuevo, de emprender lo inesperado, de propiciar lo inédito, de desatar una cadena de acontecimiento que lo tienen como su único garante. Pero también existen el trabajo y la labor, la labor está relacionada aquello que conserva nuestro ser material a los procesos de consumo y producción que están detrás del mantenimiento de la vida, el trabajo por su parte, apunta a las actividades que propician nuestra habitación del mundo, a partir de la producción de objetos de uso que dan al mundo un carácter perdurable más allá de la cadena y generación y corrupción que preside el ciclo natural de la vida vegetativa. De esta manera entonces, la condición humana cuenta con niveles de ejercicio: la vida activa, que se despliega a partir de la labor, el trabajo y la acción y la vida contemplativa, que apunta a las operaciones del espíritu: pensar, querer y juzgar. Ambas vidas dan forma y especificidad a la condición humana. (Ver The Human Condition, Denktagebuch, 1950 bis 1973, On revolution)

 

Pluralidad

El hombre está unido irremediablemente a los demás hombres desde el principio y comparte con ellos el espesor y la textura de la interrelación humana que nos hace tanto garantes como opositores frente a la capacidad de actuar de otros. Somos en plural. La condición humana está constituida intersubjetivamente. Tal como la natalidad, la pluralidad es también un factum de la vida humana, su condición (Ver The Human Condition, Between Past and Future, Eight excercises in political thougth, On revolution).

 

Poder
Surge de la confluencia de la acción de los seres humanos, y de su condición de contigüidad que es la pluralidad. Se trata de la posibilidad de contar con otros e iniciar con otros una acción que produzca lo nuevo, que funde una realidad nueva. La relación entre los hombres está sostenida en esta peculiar debilidad de la pluralidad, en esta incapacidad de bastarnos a nosotros mismos. Ahora bien, tampoco se trata de una comunidad natural o de interés. El lazo entre los hombres es misterioso y gratuito y la acción como poder, como acción concertada, da testimonio de ese lazo y de esa ampliación de la acción que surge de la cooperación entre los hombres, de la superación del inicio individual. La impotencia del hombre individual se redime en el poder del ’muchos (Ver ‘The Human Condition, On revolución, Denktagebuch, 1950 bis 1973, On violence).

 

La lista que aquí presentamos puede ser completada y/o ampliada con otros conceptos. Si desea colaborar, escríbanos a

hannaarendt.cl@gmail.com







 

 

 


 
¿POR QUÉ ARENDT?
¿QUIÉN ES ARENDT?
RECURSOS BIBLIOGRAFICOS
COMUNIDAD ARENDTIANA
 
Sugerencias o Contacto, escríbenos a: hannaarendt.cl@gmail.com / andreaugaldeg@gmail.com / Santiago - Chile